La Pequeña Caperucita Roja

 

Un día, la Pequeña Caperucita Roja caminaba por el bosque para entregar pan, agua, y medicina a su abuela enferma. En el medio de su paseo, ella conoció a un lobo. El lobo era gordísimo y tenía dientes largos y agudos.

“A donde vas, chica bonita?” contestó el lobo.

“Pues, voy a la casa de mi abuela. Ella está enferma y no puede mover de su cama, entonces, voy a cuidar a ella,” respondió La Pequeña Roja.

“Ah, muy bien,” empezó el lobo. “¡Pero, ten cuidado! Hay otros lobos que no son tan simpáticos y amistosos como yo. Es necesario que tengas prisa y llegues a la casa muy pronto.”

“Aiy, muchas gracias por la advertencia, Señor lobo. Caminaré rápidamente.”

El lobo sonrió, mostrando sus dientes y de repente, corrió por el bosque.

La Pequeña Roja hizo como el lobo dijo y caminó de prisa hasta que ella llegó a la casa de su abuela. Sin embargo, cuando ella llegó la puerta estaba abierta.

La Pequeña Roja no sabía que el lobo que conoció antes en el bosque, ha comido su abuela y está llevando un disfraz.

Cuando La Pequeña Roja entró el cuarto de su abuela, ella dejó caer la cesta. “No es mi abuela,” ella pensó. “¡Es el lobo!”

“Hola mi nieta bonita,” el lobo dijo en voz muy alta. “Ven aquí y muéstrame lo que trajiste.”

“¡Nunca!” exclamó la chica. “No eres mi abuela. Eres el lobo que conocí en el bosque.”

El lobo se puso nervioso porque la chica supo que él está disfrazado. ¡Ella ha destruido su plan! El lobo empezó a sudar, y de repente, un hombre llamó a la puerta. El hombre causó más estrés al lobo y entonces, su corazón latía.

En los años pasados, el lobo no comía una dieta muy sana. Al resultado de la obesidad de los humanos, el lobo ha comido tanta grasa y sus arterias estaban obstruidas. Al resultado del todo estrés en ese momento y su salud malo, el lobo sufrió un ataque de corazón y se cayó al piso, muerto.

El hombre entró con una hacha y exclamó, “Donde está el lobo? Te salvaré.”

“No es necesario que me salves,” explicó la chica. “El lobo se murió.”

El hombre camino hacia el animal y estuvo de acuerdo de que el animal estaba muerto. “Es un milagro para ti, pero una lástima para él: las consecuencias de la obesidad.”

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